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José Clemente Orozco

La vida del muralista mexicano José Clemente Orozco estuvo llena de drama, adversidad y triunfos, y se considera una de las más grande historias de la era moderna.  A pesar de la pobreza, una fiebre reumática que dañó su corazón durante su infancia, y una explosión en su juventud que le costó su mano izquierda, Orozco insistió en su deseo de convertirse en un artista. Hasta el día de hoy, José Clemente Orozco es considerado uno de los más destacados muralistas desde los tiempos del renacimiento.

Hijo de Ireneo y María Rosa, Orozco nació en Zapotlán, Jalisco el 22 de noviembre de 1883. A los siete años de edad se trasladó a la Ciudad de México, donde cursó estudios en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Fue ahí donde conoció a Antonio Fabres, un maestro catalán que exigía muchos de sus alumnos. Orozco fue influenciado por José Guadalupe Posada, un ilustrador que representaba la cultura mexicana y la política para desafiar a los mexicanos a pensar diferente sobre el México posrevolucionario.

En el año 1922 se unió con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros en el sindicato de pintores y escultores, con el propósito de recuperar el arte de la pintura mural bajo el patrocinio del gobierno. Una de las obra más destacadas de Orozco fue una serie de murales que hizo para la Escuela Nacional Preparatoria sobre la conquista, la colonización y la Revolución Mexicana. A diferencia de Rivera y Siquieros, Jose Orozco retrata la condición humana de forma apolítica y realista, ya que se interesa en valores universales y no insiste tanto en valores nacionales.

La vida de José Clemente Orozco transcurrió en una ambiente mundial agitado ya que vivió las revoluciones rusa y mexicana, las dos guerras mundiales, la depresión económica de 1929 y la guerra civil española. Estos sucesos se reflejan en sus obras.

Orozco pintó varias obras tanto en México como en Estados Unidos, en la Ciudad de México, Orizaba, Claremount, California, Nueva York, Hanover, New Hampshire, Guadalajara y Michoacán. En el edificio de la Escuela Nacional Preparatoria, Orozco pintó La Trinidad, La Trinchera, La destrucción del viejo orden, Los aristócratas, Cortés y la Malinche, entre otras obras que muestran la historia y el mestizaje de México. En el Palacio de Bellas Artes pintó La Katharsis, en el que representa un mundo mecanizado y caótico.

En Estados Unidos, donde radicó por siete años, pintó el mural Prometeo en la “New School for Social Research” de Nueva York ,y otros murales sobre la fraternidad, la esclavitud, el arte y la ciencia. También pintó una serie de cuadros que mostraban el carácter deshumanizado y mecanicista de la gran metrópoli y otro con temas mexicanos sobre la Revolución.

Se pueden apreciar murales de Orozco en la Biblioteca Baker de la Universidad de Dartmouth en New Hampshire.  En la ciudad de Guadalajara pintó el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara con los murales El Pueblo y Los Líderes y alegorías al desamparo y la revolución. En el Palacio de Gobierno se aprecia el famoso retrato de Hidalgo con una antorcha ardiente, El circo Político y Las fuerzas negativas. Se dice que en la frontera de Estados Unidos, varias de sus obras fueron destruidas por agentes fronterizos, ignorantes del movimiento de arte moderno, pero Orozco perseveró. En 1946, Orozco recibió el Premio Nacional de Artes y Ciencias.

Orozco jugó un papel importante en el amplio intercambio cultural entre los Estados Unidos y México que incluye a diversos artistas norteamericanos como Thomas Hart Benton, Jackson Pollock, Isamu Noguchi, Jacob Lawrence, Aaron Douglas y Philip Guston. Durante las décadas de los 60s y 70s, el movimiento muralista floreció entre los afroamericanos y los barrios latinos. Hoy en día los artistas de ambos lados de la frontera siguen abrazando el espíritu innovador e independiente de su arte.

Aunque muchas veces fue opacado por Diego Rivera, los dones de Orozco como muralista prominente, pintor, artista gráfico y dibujante no se pueden subestimar. Sus obras influyeron a muchos y seguirán influyendo.  No cabe duda que el arte mexicano nos trae gran orgullo, ya que se muestra en varias partes del mundo durante exhibiciones y  eventos.

José Clemente Orozco falleció el 7 de septiembre de 1949 en la Ciudad de México, y se encuentra enterrado en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón Civil de Dolores, honor que por primera vez se le dio a un pintor en México.

 

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