México vive en una constante evolución, sin embargo, continúa manteniendo ciertas características que le dan ese toque mágico, como ejemplo se encuentran los oficios tradicionales que aún siguen vigentes y son parte esencial del eclecticismo citadino.

El Diccionario Larousse define a los oficios como: “profesión habitual, especialmente la que requiere habilidad manual y esfuerzo físico”. Los meseros, sopladores de vidrio, globeros, fotógrafos, peluqueros, organilleros, entre otros, son un diálogo con el tiempo. Nos dan identidad, afianzan nuestras tradiciones y forman parte de la historia.

La escritora y periodista Cristina Pacheco escribe: “Los oficios son sagrados, entre otras cosas, porque nos dan el sustento”.

Uno de los más representativos y queridos de la ciudad es el Organillero, aunque están en peligro de extinción por el desinterés de las nuevas generaciones. Todavía puede verse por muchos barrios interpretando las canciones populares más conocidas.

El oficio del organillero llegó a México en 1884. Según el libro “La vida de los organilleros”, del antropólogo mexicano Víctor Inzúa, “la casa alemana de música Wagner & Levien trajo las primeras piezas”. En un principio los cilindreros, como también se les conoce, recorrían durante horas las calles de la ciudad de México con su instrumento, que llega a pesar de 30 a 50 kilos y un mono araña. Parques y alamedas como el Zócalo, Coyoacán o Chapultepec se amenizaban con piezas y vals europeos. Después se adaptaron al ambiente mexicano y comenzaron a sonar canciones como Las Mañanitas, el vals Sobre las olas o Dios nunca muere. En 1975 se formó la Unión de Organilleros del Distrito Federal y la República Mexicana, que contaba con 120 miembros y se caracterizaba por el uniforme café -en honor a Pancho Villa- y el sombrero pequeño. Y los Unión Libre, de vestimenta gris. En la actualidad, es uno de los oficios que más ha sufrido el paso del tiempo. Aproximadamente existen 40 organilleros en la ciudad de México cuando en el Porfiriato llegaron a ser hasta 500.

Fuente: fandelacultura.mx

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