Nació en la Ciudad de México el 7 de mayo de 1931 y murió el 30 de diciembre del 2011 a los 80 años de edad, tras su lucha contra el cáncer de hígado. Estudió la licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de 1948 a 1952. Como parte de su formación tuvo la influencia de Mathias Goeritz y Luis Barragán ilustres personalidades de la arquitectura.

Su muerte fue de las más lamentables en el mundo artístico, ya que fue uno de los arquitectos mexicanos más reconocidos a nivel internacional. Sus obras se encuentran en cuatro continentes: América, Europa, Asia y África.

Tras su graduación Legorreta trabajó en el despacho de José Villagran García por 10 años, ahí se desempeño como jefe de proyectos. Al paso del tiempo se sintió limitado por los arquitectos mayores que el, quienes eran fieles al estilo moderno Europeo.

En 1964 fundó, en sociedad con Noé Castro y Carlos Vargas, ‘Legorreta Arquitectos’ (actualmente Legorreta+Legorreta), despacho que tras su partida quedó a cargo de su hijo, Víctor.

Su primer trabajo importante fue para Automex, una fábrica de automóviles de la cuidad de Toluca. “Cuando construí Automex hubo una explosión dentro de mi, una revolución que iba en contra de todas las disciplinas”, comentó Legorreta, “Fue como gritar Viva México! y Viva el trabajador mexicano!”.

Entre sus principales obras están  los Hoteles Camino Real, la planta Renault en Torreón, las oficinas de Televisa, el Papalote Museo del Niño en la Ciudad de México, y el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) en Monterrey .

Además de la Catedral Metropolitana de Managua, Nicaragua, el Hotel Sheraton de Bilbao y el Museo Discovery en California, Estados Unidos.

Sus obras destacan conceptos amplios como vistas panorámicas, volúmenes, colores, manejo de proporciones utilizando la geometría como elemento fundamental, cubos girados e incrustados, elementos estructurales y arquitectónicos integrados en escasos materiales y una escala monumental y el uso de cilindros, prisma triangular, bóvedas de cañón así como su idealismo donde se articula un edificio como si se tratara de una montaña (Hotel Camino Real Ixtapa).

Su trabajo también se caracterizó por incorporar en sus edificaciones piezas de pintores y escultores de la talla de Rufino Tamayo, Juan Soriano, Pedro Friedeberg, José Luis Covarrubias y Mathías Goeritz, entre otros.

Legarreta decía, “el color no es la esencia de mi arquitectura, es una herramienta que uso a mi manera; la esencia de mi obra está en los espacios, son las proporciones, esa es la parte fundamental y más difícil de la arquitectura porque conoces si lo lograste, hasta que ves la obra terminada”.

Aportó como catedrático en las Universidades de Harvard, en la UNAM, en la Universidad Iberoamericana, en la Universidad de California en los Ángeles y en la Universidad de Texas en Austin.

Fue conferencista en distintos países en las más importantes universidades como de Argentina, Costa Rica, México, Uruguay, Guatemala, Japón, Chile, Madrid, Palma de Mallorca, Barcelona así como en Vancouver y Toronto.

Colaboró en la restauración del Antiguo Colegio de San Ildefonso y la remodelación del Zoológico de Chapultepec, y otras obras más.

Las formas geométricas misteriosas que creaba se debían a que él adoptó el espacio y el tiempo combinando colores tradicionales con la luz natural lo cual le llevó a un reconocimiento nacional e internacional.

El también conocido “poeta del espacio”, ganó el Premio Nacional de Artes en 1991 otorgado por el gobierno mexicano, fue galardonado con la Medalla de Oro de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) en 1999, Medalla de Oro del American Institute of Architects (AIA) en el 2000 convirtiéndose en el único latinoamericano recibiendo tal reconocimiento y Premium Imperial de las Artes en Japón en el 2011 siendo el primer Mexicano en recibirlo de manos del Emperador Akihito Tsugu-no-miya, por mencionar algunos.

“Sin México yo no hubiera podido hacer nada; este es un país maravilloso, un país de arquitectos, de artistas. Por eso digo que es un reconocimiento a este pueblo que es extraordinario, tenemos problemas muy serios, pero en el campo de la arquitectura siempre hemos sido de primer orden”, aseguró el arquitecto en entrevista antes de recibir el prestigiado galardón en Japón.

Considerado uno de los grandes arquitectos mexicanos y con gran prestigio internacional, Ricardo Legorreta se describía a sí mismo como un arquitecto incansable, un apasionado y un hacedor de sueños.

“Me defino como un hacedor de sueños y no sé cuantos años tengo. Me los han contado desde que nací, pero pienso que la edad está en tu mente, en tus ideas y en tu pasión; creo que si no tuviera la pasión por la arquitectura, muy probablemente ya me hubiera muerto”, declaró Ricardo Legorreta en una entrevista al Universal.

Su estilo es inconfundible donde armoniza el manejo de las proporciones en la creación de los espacios elementales, colores intensos y detalles estructurales con temas contemporáneos con respecto a la arquitectura tradicional de su país. “Quiero una arquitectura que cause felicidad”, expresaba.

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